Santos Óleos


Se me cortó la respiración,

mi corazón ya no latió,

se me cerraron los ojos

el cuerpo ya no me dolía.


Había dejado dignidad, autoestima, respeto y amor.


Era mortaja.


Pasaron días, años,

se extinguió mi luz,

mi celda era de barrotes gruesos

y paredes húmedas.


Desperté con aceite

en frente y pecho,

con tus dedos recorriéndome,

lograste el milagro.


Soy la verdad.

La absoluta fe.



Silvia Peña




 

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