Lo que queda

 


Hambre rezagada,
vivir y morir,
lanzarse al vacío sin miedo,
como quien despierta después de años dormido
con un anhelo quemándose en las entrañas.

Un pulso que late en silencio,
que crece en la espera,
en los días perdidos en dudas,
hasta que un día se hace gigante
y reclama su lugar en el pecho.

Pasaron años de quietud,
de noches sin respuestas,
hasta que el hambre llegó,
y con ella, el susurro del universo
que guarda todo,
que nos incita a tomarlo
sin permiso, sin titubeos.

Porque el tiempo no es un aliado,
no nos concede días extras,
solo resta, solo toma,
y con cada amanecer
tenemos un día menos,
un latido menos para saltar.

Hambre rezagada,
de sentir la vida en los huesos,
de abrazar lo que duele y lo que brilla,
de beberse los miedos,
de vaciarse en el abismo y gritar,
con la certeza de que el miedo es solo sombra,
y que más allá de él,
el universo espera con los brazos abiertos.

Silvia Peña

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