Abandonada
Cómo no sentirme abandonada,
si la primera en dejarme
fui yo.
Me fui en silencio,
entre las grietas de cada día,
donde aprendí a callarme el llanto,
a ser fuerte para otros
y frágil solo a solas.
Me abandoné
cuando empecé a cuidarlo todo
menos a mí.
Cuando puse los sueños en pausa
y las heridas en repisa.
Cuando aprendí a sobrevivir
olvidando cómo se vive.
Pero aquí estoy.
Hablando conmigo,
buscándome en las palabras,
mirando el vacío sin huirle.
Eso también es un regreso.
Y si alguna vez me solté la mano,
hoy escribo para volver a tomármela.
No es tarde.
No es nunca.
Quizá el abandono fue un puente,
y yo…
estoy al otro lado,
esperándome.
Silvia Peña
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