El mar que huye de mí
Qué absurdo…
sentirme una gota
en este mar inmenso,
tan diminuta,
tan invisible.
Pero de mis ojos
no brotan gotas,
no.
Brotan torrentes.
Chorros de agua
como si el mar entero
quisiera vaciarse
a través de mí.
¿Cómo puede un mar vaciarse hacia afuera?
¿No debería contenerse,
sostenerme,
abrazarme en su sal y en su profundidad?
Pero este mar no me contiene.
Este mar me esquiva,
me desborda,
me atraviesa
y luego huye.
Como si no quisiera cargar conmigo.
Como si yo no mereciera
ser parte de su inmensidad.
Estoy hecha de agua
pero me siento seca.
Vacía.
Agrietada.
Y sin embargo,
sigo llorando mares
que ya no sé de dónde salen.
Tal vez porque mi alma
es océano
y no se ha dado cuenta
que aún puede sostenerse a sí misma.
Silvia Peña



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