Sapiofilia (devoción por el hombre que piensa)

 


No es tu cuerpo lo que me perturba,
es la forma en que pronuncias teorías
como quien recita conjuros.
Tu mente—
esa galaxia organizada por palabras precisas—
me atrae con la fuerza de un eclipse.
No puedo mirar sin quedarme ciega.
Te observo hablar
y el mundo se vuelve un salón de clase
donde yo,
adicta sin redención,
anoto cada frase como si fuera sagrada.
No quiero tu tacto,
lo juro.
Quiero tus notas al margen,
tus divagaciones nocturnas,
tu biblioteca desordenada.
Tus ideas me habitan,
me recorren los pliegues
como dedos invisibles.
Me trastorna tu lógica,
tu certeza de que todo tiene un orden…
y sin embargo,
cuando hablas de caos,
tiemblo.
No soy tu amante.
Soy tu lectora.
Tu apóstol.
La devota que se desnuda
no ante tu cuerpo,
sino ante tu mente afilada
como un bisturí que me abre sin tocarme.
Y si alguna vez me hablas directo,
si tu voz me nombra,
te prometo que seré
el poema que nunca escribiste
pero que siempre entendiste.
Silvia Peña


Comentarios

Entradas populares