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Abandonada

Cómo no sentirme abandonada, si la primera en dejarme fui yo. Me fui en silencio, entre las grietas de cada día, donde aprendí a callarme el llanto, a ser fuerte para otros y frágil solo a solas. Me abandoné cuando empecé a cuidarlo todo menos a mí. Cuando puse los sueños en pausa y las heridas en repisa. Cuando aprendí a sobrevivir olvidando cómo se vive. Pero aquí estoy. Hablando conmigo, buscándome en las palabras, mirando el vacío sin huirle. Eso también es un regreso. Y si alguna vez me solté la mano, hoy escribo para volver a tomármela. No es tarde. No es nunca. Quizá el abandono fue un puente, y yo… estoy al otro lado, esperándome. Silvia Peña  

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